sábado, 27 de noviembre de 2021
Adviento con Madre Emilia
miércoles, 22 de septiembre de 2021
Emilia y Machado, Fundadores
Emilia y Machado, Fundadores.
El día 25 de septiembre de 1889 es un día glorioso para
la Iglesia venezolana y para la vida consagrada en Venezuela.
Como bien sabemos, el 5 de mayo de 1874 se promulga el
decreto ley de la extinción de los conventos, colegios y demás comunidades
religiosas existentes en Venezuela y se prohíbe, en lo sucesivo, la fundación
de otros establecimientos de igual o semejante naturaleza.
Cinco días después se efectúa esta extinción con
caracteres de salvaje latrocinio, con escenas brutales. Emilia Chapellín mira cómo maltratan a las
monjas Concepcionistas, cuyo monasterio está en frente de su propia casa. Este
hecho marcó para siempre la vida de los caraqueños que vieron cómo eran
violentados los derechos de la libertad religiosa.
Aquí vemos cómo la Divina Providencia, viendo la
situación de sus hijos en este país, no los abandona, sino que suscita dos
corazones llenos de compasión, misericordia y amor que sean Su presencia entre
los pobres, enfermos, ancianos y desvalidos.
Ya conocemos quién es el P. Santiago Machado y quién es
la señorita Emilia Chapellín Istúriz. Ambos se ponen en las manos de Dios para
emprender una aventura muy arriesgada como era formar una comunidad, fundar una
congregación religiosa, en un país donde estaba absolutamente prohibido.
Después de fundar el 22 de abril de 1888 el Hospital san
José en Maiquetía, superando infinidad de dificultades, confiando en la inspiración
divina y en su Providencia, inician un grupo de jóvenes, lideradas por Emilia
Chapellín, una forma de vida que nadie esperaba: se reúnen en el Hospital san
José, forman una comunidad religiosa, con un ramillete hermoso de enfermos y
pobres que serán los preferidos en la atención exquisita y caritativa. El P.
Machado supo responder generosamente a la inspiración que sentía desde muchos
años atrás: “Yo sentía que el Señor me inspiraba una idea, entonces ponía manos
a la obra, el señor bendecía lo que hacía y todo me salía bien”.
Ese 25 de septiembre queda marcado en los anales de la
vida religiosa venezolana como el día de su restauración, pues desde ese año
quedaron las puertas abiertas para que otras congregaciones fueran naciendo en
el suelo patrio y muchas otras llegasen a completar el abanico de carismas
conque el Señor ha bendecido a nuestra Iglesia venezolana.
lunes, 16 de agosto de 2021
Emilia, inclinada ante el dolor
martes, 15 de junio de 2021
Emilia en el día a día...
Emilia en
el día a día
La vida es un camino. En él Dios nos va presentando
su voluntad que no es otra cosa sino vivir el porqué de nuestra creación: “conocer, amar
y servir a Dios en esta vida y después verle y gozarle eternamente en el cielo”, así rezaba el
catecismo que muchos de nosotros aprendimos en la infancia, en nuestra familia
nuclear.
Este amar y servir se va haciendo realidad concreta,
especialmente cuando recibimos el Bautismo y cuando hacemos una opción de vida.
Entonces, vemos con más claridad cuáles son los pasos que hemos de dar, en qué
hemos de ocupar nuestros pensamientos, palabras y obras, y a quién dirigirlos. Quien
elige el matrimonio, es consciente de que la relación que comienza está abierta
a la vida y empieza a formar una familia. Quien hace la opción por la soltería,
seguramente ha discernido por dónde debe encauzar su vida. Quien opta por el
sacerdocio o la vida consagrada, de igual manera ha asumido la consagración a
Dios y a los hermanos.
Madre Emilia, desde que tuvo uso de razón,
vivió plenamente y amó al Señor con todo su corazón, con todas sus fuerzas, con
todo su ser; y amó al prójimo en quien vio el rostro de Dios.
Su camino estuvo bien claro y definido: vivir
para Dios y para los pobres. Día a día se fue desgastando por ambos amores. Esa
cotidianidad que a muchos de nosotros puede parecer rutinaria, cansona, “más de
lo mismo” (como dicen muchos), para ella fue una ocasión de entregar su vida a
través del gran amor que ardía en su joven corazón. Cada momento lo vivió intensamente,
no perdió el tiempo en superfluidades, vanidades, pasatiempos, que no dejan
nada; su mirada estaba puesta en el cielo. Se nutría cada día con la oración,
el silencio, la adoración a Jesús Sacramentado, el servicio alegre y
sacrificado a los enfermos y pobres, a quienes socorría con una exquisita
caridad.
Ella es para nosotros ejemplo de vida sencilla,
serena, paciente, fervorosa, atenta a las necesidades de los demás, abierta a
la acción de la gracia de Dios, que siempre encontró en ella un terreno fértil para
sembrar la semilla de la Palabra.
Venerable Madre Emilia, ruega por nosotros, y
enséñanos a imitar a Jesús como tú lo imitaste. Amén.
lunes, 21 de diciembre de 2020
La última NAVIDAD de EMILIA
La última NAVIDAD de
EMILIA
En el mes de diciembre
de 1892 nuestra amada Madre se vio aún más quebrantada en su salud. De tal
magnitud fue su gravedad que pidió al señor Arzobispo la gracia de hacer sus
Votos Perpetuos. Le fue concedido el permiso. El 11 de diciembre, sus hijas,
las Hnas., la llevan al pie del altar para hacer su compromiso definitivo con
Cristo, el Amado de su alma, en artículo de muerte. El P. Machado,
autorizado por el Arzobispo, recibe las sagradas promesas, sellando, así, su
desposorio definitivo con Cristo. Estaba felicísima y hasta parecía que estaba
en franca mejoría. Sin embargo, no fue así.
Su piedad y devoción aún
le dio ánimo para arreglar por última vez el Portalito al Niño Jesús. Con muchísima
dificultad respiratoria, apoyada en su silla o en el brazo de alguna de sus
hijas, gozaba su corazón al hacer con tanto amor el pesebre al Divino Niño.
Llegó la Noche de
Navidad y ella no tuvo otros pensamientos, otras ocupaciones. Pasó la noche en
íntimos coloquios con el Hijo de Dios, hecho niño por nosotros. Las Hnas. la veían
radiante, ensimismada en la contemplación de este gran Misterio del Amor de Dios.
Sus corazones sentían una profunda tristeza al verla tan acabada y presentían
que sería la última Navidad que pasaría con ellas. Les quedó el recuerdo
imborrable de su ternura, delicadeza, amor entrañable, alegría, gozo espiritual y silencio con que vivió
estos días.
Pidámosle que nos
alcance del Divino Niño las gracias que necesitamos para vivir plenamente cada
Navidad, celebrando el cumpleaños del Amor de Dios encarnado.
sábado, 5 de diciembre de 2020
En los 162 años de su nacimiento
162 años de su nacimiento
El 7 de diciembre de 1858 hubo fiesta en el cielo y
fiesta en la tierra. Desde el cielo, nuestro Padre Creador hizo un precioso
regalo a Venezuela, concretamente a Caracas: nació Emilia Chapellín Istúriz.
En tierras caraqueñas, una familia celebró el regalo.
El matrimonio lo formaban Ramón Chapellín y Trinidad Istúriz. Familia con
raigambre cristiana a toda prueba. En ella se podían palpar las virtudes
evangélicas hechas vida en el hogar, con los vecinos, y muy especialmente con
los pobres.
Emilia fue la novena de los doce hijos. ¿Y por qué celebraron los esposos Chapellín
Istúriz la llegada de esta hija? Pues,
ellos estaban convencidos de que un hijo es signo del amor de Dios,
manifestación de la generosidad de Su Corazón. Conocían muy bien lo que dice el
Salmo 127,3: “Un regalo del Señor son los
hijos, recompensa, el fruto de las entrañas”. Como auténticos creyentes, a
los treinta y seis días de nacida la llevan a la Iglesia Catedral de Caracas a
recibir el Sacramento del Bautismo, de manos del Cura Interino, Rvdo. P. Gaspar
Yanes, y apadrinada por Miguel Chapellín y Manuela Istúriz.
Comienza para Emilia una relación filial con Dios, es
ahora templo del Espíritu Santo, participa de la vida divina plenamente. Sus
padres pusieron todo su empeño en cultivar esta gracia divina en ella y poco a
poco fue dando frutos visibles en las virtudes que practicó a lo largo de su
corta pero intensa vida. Cuando, en los
últimos días de su vida, dijo: “Mi
espíritu está lleno de Su presencia”, fue porque en su alma acogió siempre
este Don recibido en el Bautismo con generosidad, su corazón fue disponible a la
acción de la gracia y, por ello, Dios hizo experiencia en ella, colmándola de
favores espirituales.
Emilia, arropada por el amor de Dios, no se quedó
ensimismada en el Misterio. El amor no es estático, es dinámico, impulsa a ser
canal de la vida que lleva en sí. Por eso la veremos como una mujer que, desde
niña y siempre, no se quedaba tranquila en la comodidad y bienestar de su casa,
sino que salía de prisa –como María de Nazaret al saber que su prima Isabel
necesitaba ayuda- a socorrer al niño que lloraba, al pobre que pedía auxilio,
al enfermo que imploraba salud, al mendigo que rogaba una limosna. No lo hacía sola. Involucraba a sus hermanos,
los hacía cómplices de su caridad. Con toda sencillez, colocaba un plato vacío
en la mesa del comedor de su casa para que ellos, antes de comer, pusiesen algo
de su comida, y luego ir a socorrer a algún hambriento, que siempre los ha
habido y habrá, como lo dijo Jesús: “Pobres
tendréis siempre entre ustedes” (Mt 26,11). Cuando atendió a su madre
enferma, fue tal su entrega, su caridad, su delicadeza y cariño, que ésta no
pudo menos que llamarla “hermanita de la
caridad”. Y así fue toda su vida. En
ella el amor a Dios y a los hermanos más necesitados fue inseparable. Toda su
vida es ejemplo de que sí es posible vivir el Evangelio con radicalidad. Ya
religiosa, consagrada al servicio de Dios y de los pobres como Hermanita de los Pobres de Maiquetía -no
obstante la salud precaria que la acompañó siempre-, no escatimó esfuerzos por
entregarse totalmente a su misión. Dan fe de ello los testimonios de quienes la
conocieron y las Hnas. antiguas que tuvieron la bendición de compartir con ella
sus pocos años en la Congregación.
El 18 de enero de 1893, a los 34 años, 1 mes y 11 días entre nosotros, Dios, Padre Creador y
Dador de Vida, a Quien amó con todo su ser, la llamó a entrar en su Luz
maravillosa para darle el premio merecido por sus desvelos a favor de sus
hermanos. Vivió y murió en olor de santidad. El Beato Juan Pablo II la declaró
Venerable el 23 de diciembre de 1993.
En este Año de
la fe, Emilia es para todos -niños, jóvenes y adultos- un modelo de creyente en
los bienes eternos y en las realidades humanas que necesitan ser transformadas.
Podemos aplicar a Emilia lo que dice Su Santidad Benedicto XVI en la Carta Apostólica
Porta
Fidei con motivo del Año de la fe: “Por la fe,
hombres y mujeres han consagrado su vida a Cristo, dejando todo para vivir en
la sencillez evangélica la obediencia, la pobreza y la castidad, signos
concretos de la espera del Señor que no tarda en llegar. Por la fe, muchos
cristianos han promovido acciones en favor de la justicia, para hacer concreta
la palabra del Señor, que ha venido a proclamar la liberación de los oprimidos
y un año de gracia para todos (cf. Lc 4,
18-19) (PF,13).
El Proceso de beatificación de la Venerable Madre Emilia
De San José sigue su curso y estamos intensificando la oración para que, por su
intercesión, el Señor conceda el milagro que se requiere, el cual ha de ser inmediato, completo y
duradero.
Si usted está pasando por una situación difícil, como
el diagnóstico de una enfermedad grave, o está ante un peligro inminente, no
dude en pedir a la Santísima Trinidad la intercesión de la Venerable Madre para
obtener la gracia solicitada. En este caso, es preciso dirigirse solamente a
ella, pues es una condición indispensable que pide la Sagrada Congregación de
la Causa de los Santos para el análisis de un milagro.
Hna. Rosalía Cordero M., hpm
viernes, 16 de octubre de 2020
Emilia en las redes
Como les decíamos en un artículo en este Blog, iniciamos la incursión en algunas redes sociales para dar a conocer la vida de santidad de la Madre.
Cada miércoles invitamos a sus seguidores a conectarse a Instagram a las 11:30 a.m. para rezar en directo el Rosario por los enfermos desde la capilla donde reposan sus restos en el Hospital San José de Maiquetía.
A las 8:00 p.m. transmitimos en vivo un sencillo programa, donde se va narrando su vida, virtudes y frases, que van nutriendo nuestro espíritu al acercarnos más a su interior, descubriendo ese manantial de vida en Dios que le permitió practicar heroicamente todas las virtudes, en una palabra, a vivir una vida de santidad, al estilo de Jesús de Nazaret. Las hermanas vamos haciendo este programa, sin tener mayores conocimientos de tecnología, mas el amor que profesamos a nuestra Madre hace que vayamos venciendo un cierto miedo que da el pararse ante una cámara y hablar con soltura.
Desde el inicio del programa pedimos a quienes se conectan que vayan anotando los nombres de los enfermos por quienes quieren que pidamos la intercesión de la Madre. Así lo hacen y, antes de finalizar, los nombramos y rezamos la oración.
Aprovechamos esta ocasión para pedirles que se conecten para que puedan ir conociendo la vida de santidad de Madre Emilia, la den a conocer, la invoquen en sus necesidades y nos hagan saber las gracias y favores que Dios les concede a través de ella.
Damos gracias a Dios por estos pequeños gestos que nos permiten interactuar con los devotos de M. Emilia.
Seguimos pidiendo a la Santísima Trinidad su pronta beatificación y que el Señor envíe a nuestra Congregación, nuevas y santas vocaciones.








