viernes, 24 de diciembre de 2021

4a.semana de Adviento con Madre Emilia


Terminamos este camino de Adviento con M. Emilia, dándole gracias a Dios por sus gracias y bendiciones derramadas en este tiempo.

Madre Emilia nos iba llevando de la mano cada día, apoyándose en la Palabra de Dios que la Iglesia nos ha proporcionó para preparar nuestros corazones y acoger en él al Hijo amado del Padre, Jesús de Nazaret.


sábado, 11 de diciembre de 2021

3a semana de Adviento con Madre Emilia


 Seguimos avanzando en la preparación a la Natividad del Hijo de Dios. Madre Emilia sigue acompañándonos con su testimonio y ejemplo de vida.
Tenemos aquí el compromiso de cada día de esta tercera semana. 
Dispongamos nuestros corazones para continuar escalando este camino espiritual.

sábado, 27 de noviembre de 2021

Adviento con Madre Emilia


Iniciamos este Adviento 2021 con unas sencillas y breves  reflexiones basadas en la Palabra de Dios que se nos regala cada día, así como con una breve referencia a la Venerable Madre Emilia de San José.

Cada semana se colocará el subsidio para que lo tengamos disponible por si deseamos retomar alguna de las lecturas o  reflexiones.
Caminemos juntos, con esa alegría que provoca la espera de Alguien a quien amamos , abramos nuestros corazón a la escucha de la Palabra y a la oración.


1a semana de Adviento, del 28 de noviembre al 4 de diciembre



miércoles, 22 de septiembre de 2021

Emilia y Machado, Fundadores


 

Emilia y Machado, Fundadores.

 

El día 25 de septiembre de 1889 es un día glorioso para la Iglesia venezolana y para la vida consagrada en Venezuela.

Como bien sabemos, el 5 de mayo de 1874 se promulga el decreto ley de la extinción de los conventos, colegios y demás comunidades religiosas existentes en Venezuela y se prohíbe, en lo sucesivo, la fundación de otros establecimientos de igual o semejante naturaleza.

Cinco días después se efectúa esta extinción con caracteres de salvaje latrocinio, con escenas brutales.  Emilia Chapellín mira cómo maltratan a las monjas Concepcionistas, cuyo monasterio está en frente de su propia casa. Este hecho marcó para siempre la vida de los caraqueños que vieron cómo eran violentados los derechos de la libertad religiosa.

Aquí vemos cómo la Divina Providencia, viendo la situación de sus hijos en este país, no los abandona, sino que suscita dos corazones llenos de compasión, misericordia y amor que sean Su presencia entre los pobres, enfermos, ancianos y desvalidos.

Ya conocemos quién es el P. Santiago Machado y quién es la señorita Emilia Chapellín Istúriz. Ambos se ponen en las manos de Dios para emprender una aventura muy arriesgada como era formar una comunidad, fundar una congregación religiosa, en un país donde estaba absolutamente prohibido.

Después de fundar el 22 de abril de 1888 el Hospital san José en Maiquetía, superando infinidad de dificultades, confiando en la inspiración divina y en su Providencia, inician un grupo de jóvenes, lideradas por Emilia Chapellín, una forma de vida que nadie esperaba: se reúnen en el Hospital san José, forman una comunidad religiosa, con un ramillete hermoso de enfermos y pobres que serán los preferidos en la atención exquisita y caritativa. El P. Machado supo responder generosamente a la inspiración que sentía desde muchos años atrás: “Yo sentía que el Señor me inspiraba una idea, entonces ponía manos a la obra, el señor bendecía lo que hacía y todo me salía bien”.

Ese 25 de septiembre queda marcado en los anales de la vida religiosa venezolana como el día de su restauración, pues desde ese año quedaron las puertas abiertas para que otras congregaciones fueran naciendo en el suelo patrio y muchas otras llegasen a completar el abanico de carismas conque el Señor ha bendecido a nuestra Iglesia venezolana.

lunes, 16 de agosto de 2021

Emilia, inclinada ante el dolor


Estamos viviendo unos momentos o días de inmenso dolor en el mundo. Las noticias e informaciones que circulan por las redes sociales y agencias internacionales nos dan cuenta del terremoto en Haití; mucho dolor, angustia y preocupación en Afganistán por el regreso de los talibanes; la enfermedad llamada Covid-19 que ya es pandemia en el mundo; inundaciones, huracanes, guerras... En fin, diversas situaciones de dolor y sufrimiento que azotan a la humanidad.

En nuestro país, Venezuela, no escapamos a realidades muy dolorosas: pandemia de la Covid-19, diversas enfermedades,  hambre, inflación, violencia, represión...y pare de contar.
Lo que más está afectando es el virus, el miedo al contagio, la falta de vacunas, las carencias gravísimas en los hospitales en cuanto a insumos y medicinas... Muchas personas muriendo solas en los hospitales y clínicas, ancianos desasistidos, enfermos solos en sus casas...

¿Hay alguna esperanza? ¿Qué podemos hacer? ¿Cómo seguir confiando y teniendo fe? ¿Cómo animar a las personas en sus depresiones, soledades y duelos?

He aquí que surge un acontecimiento que unió a todos los habitantes de esta tierra de gracia: la beatificación del amado Dr. José Gregorio Hernández, con la alegría y devoción desbordada en las iglesias, en las calles, en los hogares, en los corazones. ¡Un santo de todos! Una bocanada de aire fresco de esperanza, fe, devoción, entusiasmo.

Las Hermanitas de los Pobres no hemos cesado de invocar la protección e intercesión de nuestra Venerable Madre Fundadora, Emilia de San José. Han surgido con espontaneidad grupos de oración invocándola cada día y en cada dolor y enfermedad.  Del corazón de cada devoto se eleva una plegaria al Padre de la Misericordia y de la Compasión para que cese la pandemia, para que los enfermos sanen, siempre aceptando la Voluntad de Dios.

En su vida, Madre Emilia vivió por y para los enfermos, según la vocación recibida del Señor. Físicamente, vivió inclinada ante el dolor, no descansaba hasta ver satisfechos sus deseos y necesidades, nos enseñó a hablarles de Dios mientras los atendemos y curamos. Para que a ellos no les falte el consuelo, fundó nuestra Congregación Hermanitas de los Pobres de Maiquetía. Aquí estamos, atentas y acompañando a los pobres, a los que sufren, a los ancianos... 
Hacen falta manos compasivas que quieran seguir a Jesús viviendo este hermoso carisma. La mies es mucha y las hermanitas somos pocas para tanto trabajo.

¿Qué haces tú para inclinarte ante el dolor, como Emilia? ¿Te animas a seguir a Jesús, cuyo Rostro está en cada arruga, en cada mirada, en cada enfermo, en cada pobre?

martes, 15 de junio de 2021

Emilia en el día a día...


 

Emilia en el día a día

La vida es un camino. En él Dios nos va presentando su voluntad que no es otra cosa sino vivir el porqué de nuestra creación: “conocer, amar y servir a Dios en esta vida y después verle y gozarle eternamente en el cielo”, así rezaba el catecismo que muchos de nosotros aprendimos en la infancia, en nuestra familia nuclear.

Este amar y servir se va haciendo realidad concreta, especialmente cuando recibimos el Bautismo y cuando hacemos una opción de vida. Entonces, vemos con más claridad cuáles son los pasos que hemos de dar, en qué hemos de ocupar nuestros pensamientos, palabras y obras, y a quién dirigirlos. Quien elige el matrimonio, es consciente de que la relación que comienza está abierta a la vida y empieza a formar una familia. Quien hace la opción por la soltería, seguramente ha discernido por dónde debe encauzar su vida. Quien opta por el sacerdocio o la vida consagrada, de igual manera ha asumido la consagración a Dios y a los hermanos.

Madre Emilia, desde que tuvo uso de razón, vivió plenamente y amó al Señor con todo su corazón, con todas sus fuerzas, con todo su ser; y amó al prójimo en quien vio el rostro de Dios.

Su camino estuvo bien claro y definido: vivir para Dios y para los pobres. Día a día se fue desgastando por ambos amores. Esa cotidianidad que a muchos de nosotros puede parecer rutinaria, cansona, “más de lo mismo” (como dicen muchos), para ella fue una ocasión de entregar su vida a través del gran amor que ardía en su joven corazón. Cada momento lo vivió intensamente, no perdió el tiempo en superfluidades, vanidades, pasatiempos, que no dejan nada; su mirada estaba puesta en el cielo. Se nutría cada día con la oración, el silencio, la adoración a Jesús Sacramentado, el servicio alegre y sacrificado a los enfermos y pobres, a quienes socorría con una exquisita caridad.

Ella es para nosotros ejemplo de vida sencilla, serena, paciente, fervorosa, atenta a las necesidades de los demás, abierta a la acción de la gracia de Dios, que siempre encontró en ella un terreno fértil para sembrar la semilla de la Palabra.

Venerable Madre Emilia, ruega por nosotros, y enséñanos a imitar a Jesús como tú lo imitaste. Amén.

lunes, 21 de diciembre de 2020

La última NAVIDAD de EMILIA

 

La última NAVIDAD de EMILIA

En el mes de diciembre de 1892 nuestra amada Madre se vio aún más quebrantada en su salud. De tal magnitud fue su gravedad que pidió al señor Arzobispo la gracia de hacer sus Votos Perpetuos. Le fue concedido el permiso. El 11 de diciembre, sus hijas, las Hnas., la llevan al pie del altar para hacer su compromiso definitivo con Cristo, el Amado de su alma, en artículo de muerte. El P. Machado, autorizado por el Arzobispo, recibe las sagradas promesas, sellando, así, su desposorio definitivo con Cristo. Estaba felicísima y hasta parecía que estaba en franca mejoría. Sin embargo, no fue así.

Su piedad y devoción aún le dio ánimo para arreglar por última vez el Portalito al Niño Jesús. Con muchísima dificultad respiratoria, apoyada en su silla o en el brazo de alguna de sus hijas, gozaba su corazón al hacer con tanto amor el pesebre al Divino Niño.

Llegó la Noche de Navidad y ella no tuvo otros pensamientos, otras ocupaciones. Pasó la noche en íntimos coloquios con el Hijo de Dios, hecho niño por nosotros. Las Hnas. la veían radiante, ensimismada en la contemplación de este gran Misterio del Amor de Dios. Sus corazones sentían una profunda tristeza al verla tan acabada y presentían que sería la última Navidad que pasaría con ellas. Les quedó el recuerdo imborrable de su ternura, delicadeza, amor entrañable, alegría, gozo espiritual y silencio con que vivió estos días.

Pidámosle que nos alcance del Divino Niño las gracias que necesitamos para vivir plenamente cada Navidad, celebrando el cumpleaños del Amor de Dios encarnado.


sábado, 5 de diciembre de 2020

En los 162 años de su nacimiento

 

162 años de su nacimiento

El 7 de diciembre de 1858 hubo fiesta en el cielo y fiesta en la tierra. Desde el cielo, nuestro Padre Creador hizo un precioso regalo a Venezuela, concretamente a Caracas: nació Emilia Chapellín Istúriz.

En tierras caraqueñas, una familia celebró el regalo. El matrimonio lo formaban Ramón Chapellín y Trinidad Istúriz. Familia con raigambre cristiana a toda prueba. En ella se podían palpar las virtudes evangélicas hechas vida en el hogar, con los vecinos, y muy especialmente con los pobres.

Emilia fue la novena de los doce hijos.  ¿Y por qué celebraron los esposos Chapellín Istúriz la llegada de esta hija?  Pues, ellos estaban convencidos de que un hijo es signo del amor de Dios, manifestación de la generosidad de Su Corazón. Conocían muy bien lo que dice el Salmo 127,3: “Un regalo del Señor son los hijos, recompensa, el fruto de las entrañas”. Como auténticos creyentes, a los treinta y seis días de nacida la llevan a la Iglesia Catedral de Caracas a recibir el Sacramento del Bautismo, de manos del Cura Interino, Rvdo. P. Gaspar Yanes, y apadrinada por Miguel Chapellín y Manuela Istúriz.

Comienza para Emilia una relación filial con Dios, es ahora templo del Espíritu Santo, participa de la vida divina plenamente. Sus padres pusieron todo su empeño en cultivar esta gracia divina en ella y poco a poco fue dando frutos visibles en las virtudes que practicó a lo largo de su corta pero intensa vida.  Cuando, en los últimos días de su vida, dijo: “Mi espíritu está lleno de Su presencia”, fue porque en su alma acogió siempre este Don recibido en el Bautismo con generosidad, su corazón fue disponible a la acción de la gracia y, por ello, Dios hizo experiencia en ella, colmándola de favores espirituales.

Emilia, arropada por el amor de Dios, no se quedó ensimismada en el Misterio. El amor no es estático, es dinámico, impulsa a ser canal de la vida que lleva en sí. Por eso la veremos como una mujer que, desde niña y siempre, no se quedaba tranquila en la comodidad y bienestar de su casa, sino que salía de prisa –como María de Nazaret al saber que su prima Isabel necesitaba ayuda- a socorrer al niño que lloraba, al pobre que pedía auxilio, al enfermo que imploraba salud, al mendigo que rogaba una limosna.  No lo hacía sola. Involucraba a sus hermanos, los hacía cómplices de su caridad. Con toda sencillez, colocaba un plato vacío en la mesa del comedor de su casa para que ellos, antes de comer, pusiesen algo de su comida, y luego ir a socorrer a algún hambriento, que siempre los ha habido y habrá, como lo dijo Jesús: “Pobres tendréis siempre entre ustedes” (Mt 26,11). Cuando atendió a su madre enferma, fue tal su entrega, su caridad, su delicadeza y cariño, que ésta no pudo menos que llamarla “hermanita de la caridad”.  Y así fue toda su vida. En ella el amor a Dios y a los hermanos más necesitados fue inseparable. Toda su vida es ejemplo de que sí es posible vivir el Evangelio con radicalidad. Ya religiosa, consagrada al servicio de Dios y de los pobres como  Hermanita de los Pobres de Maiquetía -no obstante la salud precaria que la acompañó siempre-, no escatimó esfuerzos por entregarse totalmente a su misión. Dan fe de ello los testimonios de quienes la conocieron y las Hnas. antiguas que tuvieron la bendición de compartir con ella sus pocos años en la Congregación.

El 18 de enero de 1893, a los 34 años, 1 mes y  11 días entre nosotros, Dios, Padre Creador y Dador de Vida, a Quien amó con todo su ser, la llamó a entrar en su Luz maravillosa para darle el premio merecido por sus desvelos a favor de sus hermanos. Vivió y murió en olor de santidad. El Beato Juan Pablo II la declaró Venerable el 23 de diciembre de 1993.

En este  Año de la fe, Emilia es para todos -niños, jóvenes y adultos- un modelo de creyente en los bienes eternos y en las realidades humanas que necesitan ser transformadas. Podemos aplicar a Emilia lo que dice Su Santidad Benedicto XVI en la Carta Apostólica  Porta Fidei con motivo del Año de la fe: “Por la fe, hombres y mujeres han consagrado su vida a Cristo, dejando todo para vivir en la sencillez evangélica la obediencia, la pobreza y la castidad, signos concretos de la espera del Señor que no tarda en llegar. Por la fe, muchos cristianos han promovido acciones en favor de la justicia, para hacer concreta la palabra del Señor, que ha venido a proclamar la liberación de los oprimidos y un año de gracia para todos (cf. Lc 4, 18-19) (PF,13).

El  Proceso de beatificación de la Venerable Madre Emilia De San José sigue su curso y estamos intensificando la oración para que, por su intercesión, el Señor conceda el milagro que se requiere,  el cual ha de ser inmediato, completo y duradero.

Si usted está pasando por una situación difícil, como el diagnóstico de una enfermedad grave, o está ante un peligro inminente, no dude en pedir a la Santísima Trinidad la intercesión de la Venerable Madre para obtener la gracia solicitada. En este caso, es preciso dirigirse solamente a ella, pues es una condición indispensable que pide la Sagrada Congregación de la Causa de los Santos para el análisis de un milagro.

causabeatiemilia@gmail.com

Hna. Rosalía Cordero M., hpm

viernes, 16 de octubre de 2020

Emilia en las redes

 


Buenos días, devotos de nuestra Venerable Madre Emilia de San José.

Como les decíamos en un artículo en este Blog, iniciamos la incursión en algunas redes sociales para dar a conocer la vida de santidad de la Madre.

Cada miércoles invitamos a sus seguidores a conectarse a Instagram a las 11:30 a.m. para rezar en directo el Rosario por los enfermos desde la capilla donde reposan sus restos en el Hospital San José de Maiquetía.

A las 8:00 p.m. transmitimos en vivo un sencillo programa, donde se va narrando su vida, virtudes y frases, que van nutriendo nuestro espíritu al acercarnos más a su interior, descubriendo ese manantial de vida en Dios que le permitió practicar heroicamente todas las virtudes, en una palabra, a vivir una vida de santidad, al estilo de Jesús de Nazaret. Las hermanas vamos haciendo este programa, sin tener mayores conocimientos de tecnología, mas el amor que profesamos a nuestra Madre hace que vayamos venciendo un cierto miedo que da el pararse ante una cámara y hablar con soltura. 

Desde el inicio del programa pedimos a quienes se conectan que vayan anotando los nombres de los enfermos por quienes quieren que pidamos la intercesión de la Madre. Así lo hacen y, antes de finalizar, los nombramos y rezamos la oración.

Aprovechamos esta ocasión para pedirles que se conecten para que puedan ir conociendo la vida de santidad de Madre Emilia, la den a conocer, la invoquen en sus necesidades y nos hagan saber las gracias y favores que Dios les concede a través de ella.

Damos gracias a Dios por estos pequeños gestos que nos permiten interactuar con los devotos de M. Emilia.

Seguimos pidiendo a la Santísima Trinidad  su pronta beatificación y que el Señor envíe a nuestra Congregación, nuevas y santas vocaciones.