miércoles, 26 de junio de 2019

Virtudes teologales - La FE

                   La FE


La virtud de la FE en la vida de la Sierva de Dios Emilia de San José se manifiesta en el hecho que ella ha vivido continuamen­te embebida en Dios, siendo esto tan ordinario que su vida estaba constante y como normalmente llena de la presencia de Dios.   

También su vida de FE pone de manifiesto su intenso y cons­tante espíritu de oración.
Esta oración ha tenido diversas manifestaciones: ya en lo que se refiere a su vida de oración y adoración a la Eucaristía; ya en la intensa preparación para recibir la Comunión.

Su oración y devoción han sido también profundamente marianas en la devoción al misterio de la Inmaculada Concepción de la Virgen María, entre otros porque la Sierva de Dios nació en el día en que se celebra la Solemnidad de la Inmaculada Concepción y además en el año de las apariciones de Lourdes.
Esta devoción a la Inmaculada Concepción de la Virgen se refleja también en el borde azul del manto y en el cordón azul que sostiene el crucifijo del hábito de la Congregación.
También en la vida de la Sierva de Dios sobresale su devo­ción al Rosario en cuya cofradía desea intensamente que se le inscriba en los últimos días de su vida.

Una devoción muy intensa tuvo también la Sierva de Dios a San José a cuyo patrocinio se acogió durante toda la vida, como podemos apreciar del nombre en religión, siendo también el Patrono de la propia fundación.
Igualmente, la FE de la Sierva de Dios se ha manifestado en su actividad catequística, durante toda su vida, para transmitir la fe, trabajo que la ocupaba al mismo tiempo que las obras de caridad. Su FE también se ha manifestado en su adhesión ferviente a la Iglesia.

Antes de morir, dijo: "Mi espíritu está lleno de Su presencia", frase que expresa a plenitud cómo fue su vida y cómo estaba preparada para salir al encuentro con el Amado de su corazón.

miércoles, 15 de mayo de 2019

Emilia y la Virgen


El amor a Dios que brotaba  del corazón de María Emilia la llevó a profesar un amor tierno y filial a la Santísima Virgen, particularmente en su Inmaculada Concepción, devoción que la atraía de una manera especial. 
Celebraba sus fiestas con gran alegría, a las que se preparaba con actos de virtud y sacrificios.
Cada vez que ingresaba un enfermo, lo primero que hacía era ponerles una medallita de la Virgen, diciéndoles que debían amarla mucho, sugiriéndoles algunas prácticas sencillas y a su alcance, para que acostumbrarlos a obsequiarla y demostrarle su amor.
En su última gravedad rogó al P. Machado que la inscribiera en la Asociación del Rosario. Él lo hizo y, cuando le dijo que le correspondía rezar los 15 misterios el día de la Inmaculada a las 3 de la tarde, se alegró mucho pues era el día de la fiesta de su advocación predilecta. Como ella no iba a poder cumplir este compromiso, pidió a las Hnas. lo hicieran por ella, devoción que todos los años, las Hermanitas viven con gozo y devoción.

Su pureza y castidad, su oración y humildad, su pobreza y obediencia, y todas las virtudes que practicó en forma heroica, son un reflejo de las que nos da ejemplo la Santísima Virgen.

Ella interceda por nosotros. Amén.


domingo, 21 de abril de 2019

¡Jesús VIVE!




¡JESÚS VIVE!

¡Vive Jesús el Señor!


Emilia Chapellín vivió centrada en Jesús Resucitado. De Él recibió la Luz, la Vida, el Amor que fue derramando a lo largo de su vida.

La Vida plena de Jesús en ella le permitió ser la alegría para los pobres, el consuelo para los enfermos, la misericordia para los heridos y desamparados, la compañía para los ancianos, la presencia para los olvidados, la hermana para sus hermanas de comunidad, la hija amada del Padre Bueno.


Este mismo Jesús que nutrió cada instante de la vida de Emilia está a nuestro lado, nos acompaña y nos promete su VIDA.

Alegrémonos porque estamos viviendo la ESPERANZA de un futuro mejor, que solo es posible si contamos con la Gracia que Cristo Resucitado nos trae en esta Pascua.

Como Emilia, podemos ser instrumentos de paz, misericordia, consuelo, compasión, alegría, presencia tierna y cariñosa, fortaleza, amor y encuentro: frutos de una vida nueva en Jesús.

Pidámosle que interceda por nosotros para que seamos testigos de esta VIDA divina en nuestros corazones y podamos llevarla a nuestros hermanos.

lunes, 4 de marzo de 2019

Signo de la ternura de Dios

El amor y compasión de Emilia por los enfermos

La compasión hacia los que sufren y necesitados, su caridad operante, constituye la carac­terística central de la fisonomía espiritual y apostólica de la señorita Emilia Chapellín. Había aprendido de sus padres el ejercicio de esta vir­tud eminentemente cristiana. Desde temprana edad visitaba con fre­cuencia las casas de los enfermos pobres y se ocupaba en ayudarlos; el dinero que recibía de su padre para los gastos personales lo destinaba para las necesidades de los indigentes.

Encontrándose en Guanape con su familia, supo de una pobre mujer, enferma mental, que tenía un hijo pequeño en una situación lastimosa: Emilia tomó a su cuidado el niño, e interesó a sus hermanos y hermanas en aquella obra de caridad. Una noche, habiendo sentido el llanto de un niño en una choza cercana, salió secretamente, acompañada de su hermana Mercedes; encontraron al pequeño pasmado de frío, al lado de su madre que dormía. Lo calentaron y mecieron hasta que lo dejaron dormido (Historia de la Con­gregación, Pág. 201 s.).
La misma solicitud mostraba con sus familiares enfermos, de manera especial con su madre. Ellos la llamaban "Hermana de la Ca­ridad" (Ibíd., Pág. 203).

Cuando pensaba en su consagración a Dios en la vida religiosa pensaba también, como parte esencial de su vocación, en su do­nación a los pobres y enfermos. Así lo hizo escribir al Arzobispo, Mons. Uzcátegui, en la carta de recomendación que le dio para la Superiora de las Franciscanas de Curazao en 1887:
“…con el fin de que pueda realizar su santo propósito de servir y ser útil a sus hermanos inválidos, el cual ha sido siempre su ardiente deseo” (Summ.  Doc., Pág. 89).

Al llegar a Maiquetía, descubrió en las iniciativas asistenciales del párroco, P. Machado, el campo providencial donde poder realizar su vocación; se inscribió en la asociación de señoras que colaboraban con el sacerdote y desde el primer momento se demostró la más activa y dispuesta a cualquier sacrificio. Cuando su amiga Isabel Lagrange se tuvo que transferir a Caracas, Emilia debió aceptar la presidencia de la asociación benéfica. Acogió con entusias­mo la idea del párroco de emprender la creación de un hospital para los enfermos y ancianos pobres, y asumió la dirección. El sacrificio más grande fue el ir cada día a recolectar limosna para sus enfermos, cuando todos conocían la posición social de su familia; pero venció pronto todo respeto humano.
Pero era en el servicio personal a los enfermos donde se ponía de manifiesto su solícita caridad, especialmente en curar las ­úlceras más repugnantes, en soportar las impertinencias, en ayudar a los inválidos... (Cf. Summ. Doc., Págs. 95-97; 100,114 s., 118 s., 127 s.; 208-210, 250 s., 256).

(Tomado de “Virtudes heroicas” de la Sierva de Dios)

viernes, 1 de marzo de 2019

Testimonios por favores concedidos



El señor Emilio Miranda estaba en terapia intensiva el día 31 de diciembre de 2017 en el hospital Vargas de Caracas, por haberle dado tres infartos seguidos. Estaba muy grave y no lo dejaban ver.
Sin embargo, me dejaron pasar ya que era muy conocido y le llevaba la estampa de la Madre Emilia de la cual soy devota. Le hice una súplica por su salud y le coloqué la estampa en el pecho, él le pasó la mano y se fue quedando tranquilo y cuál es mi sorpresa que a los días me llamó que le dieron de alta y que lo fueran a buscar. Quiero completar el relato con lo que considero otra gracia grande de Madre Emilia. Salí con un amigo del señor Emilio a buscar una lista de medicinas que eran urgentes; le pedí a Ella que nos ayudara a encontrarlas. Las encontramos todas y así pudimos llegar a tiempo para el tratamiento que necesitaba.
Mi agradecimiento a Madre Emilia por estos favores alcanzados. Rosario Lares, C.I. N° 4.020.794

viernes, 11 de enero de 2019

Indulgencia plenaria Año Jubilar M. Emilia



GRACIA CONCEDIDA



Con gran regocijo hemos recibido el decreto de la Penitenciaría Apostólica de la Santa Sede, en el que se nos concede la Indulgencia Plenaria.

A continuación, transcribimos el texto enviado:



                       
                                       PENITENCIARÍA APOSTÓLICA

DECRETO

            La Penitenciaría apostólica, en aras de promover la salvación de las almas de los fieles católicos, en virtud a la autoridad que de modo especialísimo se le ha concedido  a nuestro Santísimo Padre en Cristo Francisco, por Divina Providencia Papa, atendiendo las recientes súplicas emanadas  del Eminentísimo Sr. Baltasar Enrique S.R.E Cardenal Porras Cardozo, Arzobispo Metropolitano de Mérida en Venezuela y Administrador Apostólico de Caracas, en unión a las Hermanas de la Congregación de nombre:  “Hermanitas de los Pobres de Maiquetía”, en ocasión del Jubileo de la Venerable Emilia de San José, Fundadora de la antedicha congregación, concede benignamente de los tesoros celestiales  de la Iglesia la Indulgencia plenaria, sujeta a las condiciones de la confesión sacramental, comunión eucarística y oración por las intenciones del Sumo Pontífice. La indulgencia se concede en favor tanto de las hermanas como fieles cristianos, impulsados de sincera penitencia y caridad, pudiéndose lucrar hasta el día 1 de septiembre del año 2019, asimismo puede ser aplicada en favor de las almas del purgatorio. La mencionada indulgencia se puede alcanzar sea en la Iglesia perteneciente a la Casa Madre como en cualquier templo perteneciente a la misma congregación, para aquellos que los visiten en peregrinación, cumpliendo con los ritos jubilares inherentes a la particular circunstancia expuesta en las presentes letras, mediante una presencia devota en un congruo espacio de tiempo, concluyendo con las oraciones del Padre Nuestro, el símbolo de la fe (Credo) y la invocación de la Santísima Virgen María.
            Los ancianos y enfermos y todos aquellos quienes por causa grave se les imposibilite salir de sus casas, igualmente podrán conseguir la indulgencia plenaria, mediante el arrepentimiento de sus pecados y la intención de cumplir lo más pronto que se pueda las tres acostumbradas condiciones, uniéndose espiritualmente a las celebraciones jubilares, ofreciendo a Dios sus dolores y vicisitudes de vida.
            Así pues cuando se aproxima la ocasión de recibir el perdón divino logrado por mediación de la Iglesia a través de  la caridad pastoral, ésta Penitenciaría ruega encarecidamente a los sacerdotes que con ánimo generoso provean de celebraciones penitenciales. Todo lo expuesto se realiza por decreto del jubileo de la Venerable Emilia de San José, sin que obste lo contrario. Dado en Roma, en la sede de la Penitenciaría Apostólica, el día 17 del mes de septiembre de 2018.

Mario Cardenal Piacenza                                           Cristóbal Nykiel
Penitenciario Mayor                                                          Regente

sábado, 8 de diciembre de 2018

Santidad de la Madre Emilia



Con inmenso gozo hemos celebrado los 160 años del nacimiento de nuestra Venerable Madre Emilia de San José. Cada comunidad vivió una hermosa experiencia espiritual de agradecimiento al Señor por habernos regalado esta madre, elegida por Dios pata ser la madre, la sierva, la apasionada por Dios y por los pobres y enfermos.

Su vida no fue otra cosa sino una entrega vivida en santidad, ofreciendo a Dios cada dolor, cada carencia, cada acción por el pobre. Su vida es un testimonio de humildad, oración, abnegación, sacrificio, castidad, pobreza... en fin, vivió con heroicidad las virtudes.

Es una maestra en el servicio de Dios...

sábado, 24 de noviembre de 2018

Emilia, ejemplo de abnegación y entrega


"Sean compasivos como es compasivo el Padre de ustedes” 
(Lc 6, 36)
 La Venerable Madre Emilia de San José vivió su consagración, siendo ejemplo de profunda abnegación y entrega de sí misma, donándose sin límites a los pobres y necesitados inclusive en los últimos días de su enfermedad. Profundizando su historia y todas las virtudes que adornaban a esta joven, constatamos que tenía un corazón compasivo y buscaba la perfección en todo su quehacer diario para alcanzar su santidad como nuestro Padre Dios. Toda su vida fue abnegación y entrega; en ningún momento hizo nada para sí misma, sino al contrario salió de sí misma, aun con su frágil salud, a entregarse por completo a sus pobres como se narra en su biografía:
“Era raro que la Madre Emilia dejara de ir a las recolecciones. Su delicada salud exigía reposo; pero ella, apasionada por el sufrimiento y olvidada por completo de sí misma para ocuparse de la Obra de Dios, no concedía a sus cansados miembros otro descanso que la más severa mortificación”
“Sus primeras hijas la veían con gran dolor llegar de la recolección, pálida, y sudorosa; la respiración jadeante y exhausta de fuerzas físicas, no a descansar, sino a ponerse un delantal para atender el almuerzo de los enfermos, y esto con aire de alegría y contento, que encubría en parte la fuerza de su enfermedad” [1]

Fue tan grande el amor que Madre Emilia le guardaba a Jesús, que su abnegación y entrega era sin reservas, ya que después de haber atendido a los enfermos sirviéndoles su almuerzo con sus manos y de haber tomado ella su ligero refrigerio en compañía de sus hijas, continuaba la tarea del aseo de los enfermos, curando sus úlceras, lavando sus ropas y cocinándoles; en fin, no tenía tiempo para descansar. Nuestra amada fundadora no dudó en dar, día a día, su vida por Cristo, olvidándose de ella misma. Por su enfermedad había ido a los Teques a descansar y escuchó que había unos enfermos mentales en condiciones deplorables. Ella, movida por la compasión, atiende a los enfermos con ternura y delicadeza, con esa exquisita caridad que brota de su corazón apasionado por Dios y los pobres.
Su ejemplo de abnegación y entrega lo vivió hasta en su lecho de muerte cuando no aceptaba ningún calmante porque no quería aliviarse, dejándonos una gran enseñanza.
Su vida, entregada sin reservas, nos enseña que debemos entregarnos por completo a Cristo y no a pedacitos. Hizo vida lo que dijo en sus últimos días: “Para conseguir ese amor es preciso ser muy humildes y fieles a las cosas pequeñas, porque Nuestro Señor es muy celoso y quiere habitar solo en nuestro corazón, no gusta ser servido a medias”.
Seguir a Cristo es darlo todo por Él y no a medias. Salgamos de nosotros mismos y sirvamos al hermano que sufre, al que está solo y nos necesita. Vale la pena darlo Todo por Jesús y ganar a todas las almas para Cristo.
Hna. Zulay Montilva, hpm


[1] Vida de la Sierva de Dios Madre Emilia de San José. Cap. XXVII. Virtudes que practicó Madre Emilia en su vida.